Pinturas clásicas ninguneadas por ser mujeres

Pinturas clásicas ninguneadas por ser mujeres

Fueron degradadas a un segundo plano por su sexo, en un momento de la historia de cambio social y revoluciones. Algunas consiguieron suerte para estar emparentadas con pintores que ayudaron a que hombres las aceptaran como artistas, otras no lograron zafarse del estigma de ser consideradas meras aficiones de la clase alta. El Museo Nacional de Suecia, en Estocolmo, rescata del olvido con Stolthet och fördom (Orgullo y prejuicio) a las pintoras de los años 1750 a 1860, décadas marcadas por la tensión de la nobleza y la burguesía, la ilustración y la Revolución Francesa. Las autoras de Francia y Suecia que reúne  la exposición tuvieron grandes dificultades para ser artistas, exponer su obra junto a los hombres y conseguir un reconocimiento más allá del doméstico.

La francesa Suzanne Giroust (1734-1772), esposa del pintor rococó sueco Alexander Roslin, descubrió ser una magnífica figura reconocida de la vida y fue uno de los pocos miembros femeninos de la Real Academia de Pintura y Escultura de Francia, aunque los recelos de los otros académicos, que impusieron para ese momento una norma con la que no podía haber más de cuatro mujeres al mismo tiempo dentro de la institución.

Fue recordada como un modelo de cuadro que como pintora Curiosamente, no tenía testimonios escritos de la actividad de Giroust en la academia. Roslin reconoció en numerosas ocasiones que su esposa pintaba mejor al pastel que él y sus retratos eran admirados por la delicadeza de la piel que tenían las modelos y la precisión en la utilización de los colores. La exposición incluye seis trabajos de la autora, omitida a menudo de la historia del arte: tan solo 19 de sus trabajos son atribuidos con seguridad y es reconocida más por ser la modelo del cuadro de su marido La dame au voile (la dama con velo).

Los lazos sociales y familiares eran fundamentales para la consideración de la mujer artista. Marie-Thérèse Reboul (1728-1805) – pintora de escenas relativas a la historia natural estaba casada con el director de la Academia Francesa en Roma. La talentosa Anne Vallayer Coster (1744-1818) logró ejercer gracias al mecenazgo real y se convirtió en profesora de diseño consiguiendo apoyo de su padre, también pintor Llorens Pash el Viejo y de su hermano, el profesor y director de la Real Academia de Arte de Suecia.

Retratos y miniaturas Tras la Revolución Francesa tuvo mucha más facilidad para las artistas exponer en igualdad de condiciones que los hombres, aunque aún seguían sin poder estudiar en los centros públicos y su única manera era a través de las instituciones privadas. En el Siglo XIX siguieron la apertura y pudieron acceder con mayor facilidad a una carrera profesional. En la miniatura francesa y en los retratos muchas artistas consiguieron recibir el reconocimiento. Amalia Lindegren, Hortense Haudebourt-Lescot o Marguerite Gerard (discípulas de Fragonard) son algunas de las autoras destacadas para la época. La muestra, en cartel hasta el 20 de enero fue titulada orgullo y prejuicio en honor a la novela de la escritora inglesa Jane Austen, donde expone unas 250 obras entre óleos, miniaturas, pasteles y bordados, de muchos autores que ayudaron a retratar a las artistas, y en especial, a mujeres que dependen del capricho masculino para que su trabajo logrará ser finalmente valorado.

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